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El voluntariado en México

diciembre 10, 2015 | by Redaccion Vertical
El voluntariado en México
Opinion
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Por: Tania Lizbeth Cruz Jarquín

 

Resulta un hecho ininteligible, si de números hablamos, vivir en un país con una profunda crisis de legitimidad y con un gran nivel de voluntariado mexicano. Estamos hablando de una insípida calificación de 4.9 puntos  de aprobación a la actual administración, en comparación con un 66% de mexicanos haciendo voluntariado en el otro lado de la balanza. Y, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Hechos muy simples, el voluntariado es parte del engranaje que hace funcionar a este gran monstruo que llamamos democracia, los voluntarios son los que construyen la sociedad y los que legitiman un gobierno. Vaya que estamos en el país de las paradojas y lo peor es que al parecer nos gusta vivir de ellas.

 

Esa calificación reprobatoria también es responsabilidad nuestra, las redes de voluntariado son pilares fundamentales para promover políticas públicas particulares,  con mayor eficiencia y con el respaldo civil para colocar temas en la agenda pública, lo cual en la hermosa teoría, trae consigo cambios sociales, culturales y políticos positivos para una comunidad. Aumentando el voluntariado aumenta el capital social en México, tendiendo puentes entre los “representados” más vulnerables y los “representantes” que se olvidan de sus promesas de campaña, logrando una inclusión de minorías para acciones públicas que otorguen legitimidad al gobierno mexicano. Es aquí donde nuestros números y la lógica no nos cuadran.

 

Los resultados de la Encuesta Nacional de Solidaridad y Acción Voluntaria realizada por segunda ocasión en el 2012, reveló que el 75% de los mexicanos han participado en alguna acción a favor de otros en algún momento de su vida. El mexicano promedio realiza 2.5 actividades voluntarias al año, siendo las mujeres el 53% de todo este activismo social. El sur es más activo que el resto de las regiones, siendo las zonas rurales quienes reportan mayor voluntariado que las zonas urbanas, y no olvidando otro factor que potencializa las acciones colectivas, como aquellas comunidades en donde sus habitantes se sienten amenazados por lo problemas locales de criminalidad y violencia. Es irónico entonces como el sur, que presenta el mayor  porcentaje de activismo, siga teniendo los estados más pobres y cómo el voluntariado se forma cuando hay algo que corregir, no prevenir.

 

Uno de los puntos a analizar es la focalización de estas actividades, puesto que la mayor parte de ellas se dedican a movimientos medioambientales, culturales y de salud, que aunque son parte importante del bienestar social que debe tener una nación, no son lo que ahorita frena el desarrollo mexicano. Seguido de esto,  las actividades que se realizan en la escuela y en los centros religiosos representan un 54% de participación, y sólo el 15% de activismo se registra en las colonias que en cuanto a participación ciudadana, es lo más directo para resolver problemas de agenda pública que arrojen políticas, proyectos y programas focalizados y eficientes.

 

Tenemos una red de participación ciudadana que vale la pena explotar en lo que vale la pena reconstruir. La corrupción es el tema. Pongamos en marcha la filosofía Kennedy: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país.”

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